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24 abril

La exposición fue diseñada por el Museo Chileno de arte precolombino, Santiago de Chile, y presentada entre el 31 de octubre de 2007 y el 30 de marzo de 2008 bajo el título Morir para gobernar. Sexo y poder en la sociedad Moche.

 

La mayoría de las cerámicas proceden de la colección excepcional del Museo Larco de Lima, Perú.

 

manifestation organisée dans le cadre des célébrations du bicentenaire des
indépendances d’Amérique latine en 2010

 

 

catálogo

Sexo, muerte y sacrificio

en la religión mochica

  • entreplanta este
  • Entrada colección 8,50 € tarifa normal y 6 € tarifa reducida

Del martes 9 de marzo al domingo 23 de mayo de 2010

Comisario: Steve Bourget, profesor asociado del Departamento de Arte e Historia del Arte de la Universidad de Texas, Austin

Asesora científica: Anne-Christine Taylor, directora del departamento de investigación y formación del musée du Quai Branly

La exposición

La exposición “Sexo, muerte y sacrificio en la religión mochica” reúne, por primera vez en Europa, 134 piezas de cerámica mochica que muestran con un sorprendente realismo actos sexuales o de sacrificios. Estas vasijas narran el vínculo que el pueblo mochica establecía entre la religión, el poder, la sexualidad y la muerte.

 

Esta iconografía religiosa, sorprendente encuentro del acto sexual y de lo sagrado, es única en el arte precolombino y propio de la mitología mochica.

Representa actos de sacrificio, pero sobre todo sexuales entre animales y/o personajes antropomorfos.

Los artesanos mochicas moldearon en estas vasijas estos ritos no reproductivos, haciendo de los atributos sexuales estilizados los temas centrales de una iconografía con una función ritual cuya audacia está a la altura de la fuerza de sus creencias.

Steve Bourget propone claves de interpretación de esta imaginería sexual que no está ligada a la vida cotidiana mochica, sino que remite a una ideología política y religiosa característica de su sociedad. Esta ideología está marcada por la necesidad de asegurar, mediante la reproducción de la autoridad gobernante, la propia continuidad de la sociedad y, de forma general, la del universo.

 

Esta exposición presenta cerámicas mochicas que representan de forma explícita actos sexuales

figura 63 © Museo Larco, Lima photo Daniel Giannoni et Steve Bourget

Descifrar los ritos de una civilización desconocida

Esta civilización precolombina de primer nivel, contemporánea de la cultura nazca de la costa sur, se sitúa entre las más grandes culturas indígenas de los Andes, a la misma altura que el imperio inca al que precedió en más de cinco siglos. Se desarrolló entre el siglo I y el siglo VII de nuestra era en una zona árida del norte de Perú. Imponentes espacios funerarios (como los del “Señor de Sipan”, excavado en 1987) y los huacas (inmensos espacios ceremoniales de forma piramidal) han permitido profundizar en el conocimiento de esta civilización gracias a los numerosos testimonios excavados de las sepulturas y a las pinturas murales que decoran los monumentos funerarios.

La exposición invita a descubrir esta civilización precolombina mediante el prisma de su mitología única que, en ausencia de escritura, nos llega mediante una imaginería propia que da fe del sorprendente encuentro de lo sagrado, del acto sexual y de la muerte.

Es importante comprender que las imágenes sexuales que figuran en las cerámicas mochicas no son ilustraciones de la vida cotidiana de la sociedad mochica. Por tanto, su interpretación no puede basarse en ideas y valores de nuestra propia sociedad: su mensaje debe ser descifrado partiendo de una reconstrucción del contexto particular del mundo de los moche, como propone esta exposición.

Insistiendo particularmente en la producción cerámica, faceta de la artesanía mochica particularmente rica y conocida por su abundancia y su realismo, el arqueólogo Steve Bourget revela el resultado de las investigaciones realizadas al estudiar de forma sistemática el conjunto de la iconografía Moche.

Sin embargo, las interpretaciones presentadas en la exposición son necesariamente especulativas, teniendo en cuenta el carácter parcial de las fuentes arqueológicas relativas a esta civilización.

 

La exposición se apoya libremente en la obra publicada por Steve Bourget en 2006: Sex, Death and Sacrifice in Moche Religion and Visual Culture.

Mujer acariciando un personaje esqueleto de rasgos simiescos © Museo Larco, Lima fotografía Daniel Giannoni y Steve Bourget

Una ideología única y compleja

Los vestigios de la cultura mochica remiten a una cosmología compleja organizada según un principio dualista, típico aún hoy de las culturas indígenas de los Andes: el universo y los fenómenos que lo forman se dividen en dos partes y los elementos del mundo, agrupados por pares, se asignan a una u otra parte.

La sociedad mochica, tal y como se representa en la iconografía, agrupa cuatro grandes clases de seres:

  • Los vivos (humanos y animales domésticos)
  • Los muertos
  • Los espíritus animales
  • Las divinidades principales o espíritus ancestrales

Todos estos seres están integrados en ciclos de reproducción que implican el paso de una mitad a otra en el marco de grandes rituales colectivos en los que los sacrificios, en particular de los guerreros prisioneros, ocupaban un lugar importante.

Se aborda aquí uno de los aspectos más complejos de la religión mochica: los ritos asociados al paso de su Señor –dignatario todopoderoso que reinaba sin límite tanto sobre sus sujetos como sobre la naturaleza– del mundo de los vivos al de los muertos. Ritos que, a falta de escritura, se evocan por la producción de estas cerámicas de tono rojo ladrillo. Las vasijas se decoran con escenas sexuales y de sacrificios pintadas o esculpidas; la representación de actos explícitos en los que participan humanos, animales o incluso esqueletos, acompañaba al Señor y a la elite mochica en su viaje hacia el mundo de los muertos, garante de su retorno a la vida y a la fertilidad.

 

Rostro arrugado copulando con una mujer © Museo Larco, Lima fotografía Daniel Giannoni y Steve Bourget

Un saber hacer inigualado, una lectura inédita

Los mochicas son conocidos desde hace tiempo por su virtuosismo técnico, la abundancia y el sorprendente “realismo” de sus producciones cerámicas, en particular las que representan actos sexuales entre animales y entre personajes antropomorfos. Esta imaginería sexual, única por su complejidad en el arte precolombino, plantea múltiples problemas de interpretación, sobre todo al estar ligada a contextos funerarios, probablemente de dignatarios.

Basándose en un estudio sistemático de la iconografía religiosa, el comisario Steve Bourget ha podido enfocar la cerámica funeraria en dos grandes formas de sexualidad:

  • Una que implica actos sexuales no dirigidos a la procreación (sodomía, masturbación, felación…) entre un humano vivo (generalmente una mujer) y una posible víctima de sacrificio, un muerto o un ser esquelético.
  • La otra, una cópula dirigida a la procreación entre animales que simbolizan elementos importantes de la fertilidad (batracios, roedores...), o bien entre una divinidad mayor –principalmente la llamada “Wrinkle Face” o “Rostro arrugado”– y una mujer humana.

La primera categoría de imágenes remite a una sexualidad invertida y que no puede dar lugar a una procreación, propia de los habitantes del inframundo, mientras que la segunda, que representa una cópula entre una divinidad y una víctima de sacrificios, evoca una sexualidad generadora en el plano cosmológico, prueba de la fertilidad del mundo habitado por los mochicas.

Estas sorprendentes representaciones, por tanto, no tienen nada de erótico y su naturalismo es sólo superficial, ya que representan esencialmente entes o procesos sobrenaturales que mezclan cosas normalmente separadas: muertos vivientes, animales con atributos humanos, dioses a la vez destructores y regeneradores. En realidad se trata de una imaginería religiosa con una función ritual que utiliza la sexualidad para simbolizar operaciones cosmológicas abstractas: el paso de este mundo al inframundo, los intercambios continuos de sustancias nutritivas –sangre, líquido seminal, agua…– entre los vivos y las divinidades o espíritus ancestrales, intercambios regulados que garantizan la buena marcha del universo y cuya gestión incumbe a los soberanos y a los dignatarios religiosos.