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18 abril

orientación científica

Masque anthropomorphe Krou, Côte d'Ivoire, fin du 19ème siècle © musée du quai Branly, photo Patrick Gries, Bruno Descoings - Click para ampliar, abre en ventana nueva
Masque anthropomorphe Krou, Côte d'Ivoire, fin du 19ème siècle © musée du quai Branly, photo Patrick Gries, Bruno Descoings

Desde hace quince años, la investigación sobre el arte experimenta un importante desarrollo, marcado especialmente por un diálogo renovado entre antropología, historia e historia del arte. Esta transformación se explica por la conjunción de varios factores.

Para las ciencias humanas y sociales que han dejado de considerar las instituciones y las estructuras como “ya presentes”, de las que se trataría simplemente de estudiar la organización y los efectos, el arte se presenta como un ámbito privilegiado –porque está relativamente circunscrito– para la exploración precisa de los mecanismos de emergencia, de negociación y de consolidación de formas institucionales y de gramáticas de actitudes. Así, actualmente, se ha puesto el acento de la investigación ya no sólo en el arte como ámbito constituido, sino más bien en los procesos de “artificación”, o, dicho de otro modo, las vías mediante las cuales se aprende y categoriza una práctica o una producción como algo que requiere un juicio estético, generalmente un tipo particular de actitud emocional y cognitiva.

Paralelamente, la antropología y la sociología han comenzado a desplazar su mirada hacia las prácticas y las formas de la acción, dejando de estar centradas en las representaciones que, en principio, se considera que dan sentido a las obras y más generalmente a los objetos. A partir de este momento, han reanudado el estudio de los objetos y de las técnicas en tanto que dispositivos de mediación y/o formas de acción a distancia sobre el otro, con intencionalidades específicas. En resumen, ahora se tienen en cuenta las dimensiones pragmáticas y de resultados de las artes; es decir que las artes ya no son simplemente sistemas de signos sino también y sobre todo sistemas de relaciones, medios de actuar sobre otros objetos.

A partir de ahora, esta reorientación acompaña un cambio de perspectiva sobre la naturaleza de la cognición. Ya no se considera algo adquirido que el pensamiento tome una forma ante todo proposicional; el cometido de las imágenes y de las formas sensibles estructuradas en los procesos mentales y afectivos es objeto de investigaciones psicológicas y antropológicas cada vez más numerosas y detalladas.

Masque de façade Chambri, Papouasie-Nouvelle-Guinée, début 20e siècle © musée du quai Branly, photo Patrick Gries - Click para ampliar, abre en ventana nueva
Masque de façade Chambri, Papouasie-Nouvelle-Guinée, début 20e siècle © musée du quai Branly, photo Patrick Gries

Por último, sabemos que la producción, la exhibición y la circulación de artefactos artísticos se han convertido en un reto central en la formación y la manifestación de las identidades colectivas, en un contexto en el que las relaciones sociales tienden de manera creciente a dividirse en términos de identidades culturales y/o étnicas. Los objetos, tangibles o intangibles, que pueden considerarse como “arte”, se han convertido en los emblemas privilegiados de una “esencia” de identidad específica; más fáciles de controlar y de negociar que otros ámbitos de la cultura, son el objeto por excelencia de las operaciones de patrimonialización que acompañan a las reivindicaciones contemporáneas de identidad. El reacondicionamiento en curso de los museos de etnografía o de arte “primitivo” que observamos actualmente en todos los países occidentales son a la vez un síntoma y un potente motor de este movimiento general de apropiación de los bienes culturales. Al mismo tiempo, los intercambios, préstamos e inclusiones de objetos, de formas, de estilos y de sentidos, en resumen los mestizajes entre tradiciones diferentes, occidentales y no occidentales, se aceleran y se amplifican, de tal manera que las distinciones convencionales entre formas de arte tradicionales y “modernas”, entre arte popular y arte erudito, entre el arte “étnico” y el arte denominado internacional se difuminan, se desdibujan y se invierten.

Por todos estos motivos, las artes y el conjunto de hechos que se articulan en torno a ellas constituyen hoy día un campo de estudio fértil para las ciencias humanas y sociales. Este ámbito condensa, de una forma “cálida”, un conjunto de temas que interesan a un amplio espectro de disciplinas: el cometido, el funcionamiento y la relación con el lenguaje de las imágenes y de otras formas sensibles en la cognición y la acción, los mecanismos de institucionalización mediante los cuales se crean campos, prácticas y categorías de objetos que pueden recibir una apreciación estética, los procesos que presiden la formación de identidades colectivas y las políticas que generan, las relaciones históricas y contemporáneas entre Estados-naciones y minorías culturales y entre naciones dominantes y países dependientes, tal como existen en las políticas de patrimonialización de unos y otros, etc. En la actualidad, estas cuestiones las exploran activamente historiadores y antropólogos, psicólogos, sociólogos e historiadores de arte. Este campo de investigación es el que se pretende desarrollar en el museo del quai Branly, tanto más cuanto que se trata de un ámbito de conocimiento todavía bastante fragmentando, en el que cada país y cada tradición disciplinaria siguen estando mal informados de lo que hacen los demás e insuficientemente desarrollado en muchos países europeos, en particular en Francia.