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19 septiembre

Un panteón mestizo en India portuguesa

Desde principios de la colonización portuguesa, en el siglo XVI, se desarrolló en esta “Roma del Oriente” que fue Goa, una producción de imágenes religiosas de marfil, la que se podría calificar por su importancia como proto-industria. En efecto, sólo podemos sorprendernos ante la profusión de estas representaciones “indo-portuguesas” que se encuentran aún hoy en los museos, tiendas de antigüedades o en las salas de venta, en Portugal, por supuesto, pero también en Europa y del otro lado del Atlántico, en Brasil o México. Sin embargo, ¿qué se entiende por imágenes indo-portuguesas? Bernardo Ferrão de Tavares e Távora, uno de los primeros en haberlas estudiado, entrega la siguiente definición: “se trata de esculturas realizadas en Asia por artesanos indígenas, al principio con la ayuda de las misiones portuguesas, copiando motivos occidentales, inspirándose de ellos o recreándolos con variantes propias”. Esto resulta en la creación de objetos mestizos, objetos que nos cuentan una historia, la del encuentro entre dos mundos (el occidental y el asiático).

  • Buen Pastor

  • Detalle de un pedestal de Buen Pastor

  • Detalle del Buen Pastor

  • Buen Pastor de espaldas

  • Detalle de un zócalo del Buen Pastor

  • Buen Pastor

    Buen Pastor

  • Dos buenos pastores

  • Virgen de la Inmaculada Concepción

  • Detalle de la Virgen de la Inmaculada Concepción

  • Virgen con el niño

  • Virgen de la Inmaculada Concepción

  • Santa orando

  • Virgen

  • Virgen con el niño

  • Jesús bendiciendo

  • Niño Jesús “Salvator mundi”

  • Niño Jesús al cráneo

  • Niño Jesús

  • Niño Jesús en su cama

  • Cristo en la cruz

  • Detalle de Cristo en la cruz

  • Detalle de Cristo de espaldas

  • San Sebastián

  • Detalle de San Sebastián

  • San Francisco de Asís

  • San Antonio de Padua

  • Dos santos peregrinos

  • Pequeña pareja


Niño Jesús al cráneo

Niño Jesús al cráneo

XVIIe siècle, ivoire, H : 10 cm, L : 4,5 cm

Aquí se observa la misma actitud que en el Buen Pastor, la mano derecha sosteniendo su cabeza y la izquierda que, tal vez, sostuvo un globo terráqueo. Este niño, con muy bellas proporciones, está representado con mucho realismo: el pelo rizado, el cuerpo muy bien modelado y se percibe una sonrisa leve en su rostro.