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26 noviembre

Un panteón mestizo en India portuguesa

Desde principios de la colonización portuguesa, en el siglo XVI, se desarrolló en esta “Roma del Oriente” que fue Goa, una producción de imágenes religiosas de marfil, la que se podría calificar por su importancia como proto-industria. En efecto, sólo podemos sorprendernos ante la profusión de estas representaciones “indo-portuguesas” que se encuentran aún hoy en los museos, tiendas de antigüedades o en las salas de venta, en Portugal, por supuesto, pero también en Europa y del otro lado del Atlántico, en Brasil o México. Sin embargo, ¿qué se entiende por imágenes indo-portuguesas? Bernardo Ferrão de Tavares e Távora, uno de los primeros en haberlas estudiado, entrega la siguiente definición: “se trata de esculturas realizadas en Asia por artesanos indígenas, al principio con la ayuda de las misiones portuguesas, copiando motivos occidentales, inspirándose de ellos o recreándolos con variantes propias”. Esto resulta en la creación de objetos mestizos, objetos que nos cuentan una historia, la del encuentro entre dos mundos (el occidental y el asiático).

  • Buen Pastor

  • Detalle de un pedestal de Buen Pastor

  • Detalle del Buen Pastor

  • Buen Pastor de espaldas

  • Detalle de un zócalo del Buen Pastor

  • Buen Pastor

    Buen Pastor

  • Dos buenos pastores

  • Virgen de la Inmaculada Concepción

  • Detalle de la Virgen de la Inmaculada Concepción

  • Virgen con el niño

  • Virgen de la Inmaculada Concepción

  • Santa orando

  • Virgen

  • Virgen con el niño

  • Jesús bendiciendo

  • Niño Jesús “Salvator mundi”

  • Niño Jesús al cráneo

  • Niño Jesús

  • Niño Jesús en su cama

  • Cristo en la cruz

  • Detalle de Cristo en la cruz

  • Detalle de Cristo de espaldas

  • San Sebastián

  • Detalle de San Sebastián

  • San Francisco de Asís

  • San Antonio de Padua

  • Dos santos peregrinos

  • Pequeña pareja


Virgen con el niño

Virgen con el niño

XVIIIe siècle, ivoire, H : 22 cm, L : 6 cm

El color y doradura eran frecuentemente utilizados y servían para destacar los volúmenes y resaltar el material. Muy pocas veces, cubrían toda la estatuilla. La doradura estaba destinada a la cabellera y vestidos (bordes exteriores, revés), y el color de los detalles del rostro.

En este ejemplo, el ribete de los vestidos es dorado y realzado con pintura negra, la que también hace resaltar los detalles del rostro (ojos, cejas y boca) y que da al conjunto una hermosa expresividad. El color permite destacar, asimismo, el refinamiento del vestido y los accesorios (por ejemplo, el nudo que cierra el manto de la virgen en la parte delantera). La doradura que sigue todo el ribete del vestido de la virgen acentúa favorablemente los efectos de modelado y volumen del manto.