la Chupicuaro
Soy el emblema y el distintivo del museo del quai Branly, pero me encuentro en el museo del Louvre, concretamente en el Pabellón de Sesiones (Pavillons des Sessions), muy cerca de la Puerta de los Leones (Porte des Lions).
Mi condición de obra maestra me ha permitido ocupar ese lugar en el templo del Arte, entre otras esculturas, de África, Asia, Oceanía y, al igual que yo, del continente americano. Nací en las montañas del centro de México y mi nombre es el de un sitio arqueológico que se encuentra parcialmente cubierto por las aguas del Río Lerma.
Se cuenta que yo estaba asociada a un rito funerario relacionado con la fertilidad de la tierra y con su ciclo anual de muerte y renacimiento. En efecto, sigo aquí, yo, gran cerámica barnizada y con formas generosas, que encanto gracias a la modernidad de mi grafismo y el brillo de mis colores.
El color rojo que me recubre, adornada con dibujos negros, beiges o blancos, no ha perdido un ápice de su brillo original, como si el pintor y el escultor hubieran utilizado todos sus conocimientos y exigencia de artistas para darme la vida. Y, pese a mis 25 siglos, conservo una extraordinaria vitalidad.



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