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26 julio

Gradhiva n°6

otoño 2007 : Ver y reconocer, el objeto del malentendido

Gradhiva n°6

El estudio de las taxonomías, sus relaciones con la organización social y, de forma más general, con la cultura, constituyen las cuestiones clásicas de la Antropología. Desde Mauss, Durkheim o Lévy-Bruhl, se trata sobre todo de la variabilidad cultural de las categorizaciones. Este reportaje aborda, con un enfoque interdisciplinario, el problema de la adecuación entre lo ideal y lo real, y se centra en el estudio de los malentendidos, las confusiones y los equívocos.
¿Cómo podemos reconocer un objeto, una imagen o una persona?, ¿de dónde procede la discordancia existente entre las categorías y las cosas que deberían poder circunscribir?, ¿cómo se efectúa, pese a todo, el reconocimiento, es decir, la identificación de un objeto natural o social, hasta su inclusión en un cuadro de conceptos preexistente?, ¿cómo se comporta entonces la tabla de las categorías indígenas cuando debe incluir a lo inédito, la singularidad o la novedad radical, sin por ello descomponerse?. Desde la Amazonia hasta las Islas Salomón, pasando por Europa y Dahomey, los autores nos invitan, en esta edición de Gradhiva, a dedicar una mirada a la mirada.

REPORTAJE “VER Y RECONOCER, EL OBJETO DEL MALENTENDIDO”

Coordinado y presentado por Jean-Pierre Goulard 

Laurent Barry, El hombre de calidad

Si nos atenemos a los relatos que nos proponen los historiadores de las ciencias de la vida, parece que, si el pensamiento del racismo biológico –desde Gustave Klemm hasta Joseph Arthur de Gobineau– sólo aparece a lo largo del siglo XIX, es porque las teorías sobre la inscripción del individuo en una identidad y una herencia propiamente biológicas acababan de concretarse en ese momento.

Antes de dicho período, la Naturaleza permanece en silencio. Al menos, lo único que hace es reproducirse incansablemente de forma idéntica en destinos individuales que nunca influyen por sí mismos en una herencia que reciben, en la que nunca intervienen como autores, y mucho menos como árbitros.

Sin embargo, aunque el concepto de herencia biológica sólo aparece tardíamente como expresión científica, esto no significa, como lo suponen nuestros modernos exégetas, que el pensamiento sobre la inscripción somática se encuentre totalmente ausente del pensamiento de los Antiguos. Si bien no está integrado en un discurso científico perfectamente construido, podemos detectar claramente sus ecos en otros tipos de producciones literarias de la época.

Por tanto, el autor nos invita aquí a releer algunos de esos textos, que expresan una genética antes de la genética, un pensamiento precientífico sobre una herencia que aún no establece la distinción, en el legado humano, entre las partes respectivas de lo innato y de lo adquirido, de la naturaleza y de la cultura.

Béatrice Fraenkel, La invención del arte parietal prehistórico. Historia de una experiencia visual

En 1906, Félix Regnault anuncia a la Sociedad de antropología de París el descubrimiento de huellas de manos humanas en la cueva de Gargas (Hautes-Pyrénées). Participante habitual de las excavaciones de este yacimiento que recorre desde hace treinta años, parece que Regnault no había “visto” dichas huellas antes. El artículo reconstituye la génesis multiforme de una mirada científica que se desplaza desde el suelo hasta las paredes, que se acerca a las superficies, que las escruta para identificar las figuras y los signos que se encuentran en ellas y termina por esbozar una lectura de los mismos. El análisis muestra cómo el descubrimiento de Regnault depende de una historia científica donde se asocia un descubrimiento inicial, el de Altamira, rechazado y censurado por las autoridades científicas de la época, con experiencias posteriores vividas como revelaciones y que autorizan a toda una comunidad a “descubrir” numerosos yacimientos, algunos de los cuales, ya antes localizados por los investigadores, habían sido olvidados.

Jean-Pierre Goulard, El salvaje en general

Un grabado de principios del siglo XIX propuesto por dos naturalistas, Spix y Martius, llamó rápidamente la atención. El grabado fue retomado, y a menudo retocado, en los años posteriores a su publicación. El análisis se centra, en primer lugar, en la combinación de los elementos que sirvieron para su composición. A continuación, la puesta en paralelo del modo operativo de los préstamos que siguieron tiene como objetivo mostrar hasta qué punto dicha imagen pudo corresponder a una percepción del salvaje que se convirtió en un emblema, con lo que se garantizó la perpetuación de dicha representación. En efecto, se inscribe en la voluntad de la época de saber y de observar para clasificar los elementos de la naturaleza en la que el salvaje se integra, al igual que se realizaba para la fauna y la flora.

Dimitri Karadimas, Yurupari o las figuras del diablo. El quid pro quo de las miradas cruzadas

Yurupari es una de las figuras emblemáticas de las sociedades indígenas del noroeste amazónico. Materializado con flautas durante los rituales de iniciación masculina, el personaje que se supone encarnan sigue siendo, en parte, enigmático. Las prohibiciones a las que están sometidas las mujeres y los no iniciados, el ritual, el mito... el conjunto forma un “complejo” que limita a lo sagrado.

En un primer momento asociado al “maligno” o al “diablo” por los misioneros que, en el siglo XIX, intentaron erradicar su presencia y su ritual, este complejo fue, durante mucho tiempo, objeto de abundantes debates en la literatura asociada a esta área cultural, donde intervenía como construcción proteiforme cercana al monoteísmo.

El artículo se propone exponer brevemente los elementos que componen este complejo y dilucidarlos, con ayuda de un análisis de los enunciados míticos y de las iconografías de ciertas máscaras asociadas a la etología de los seres que encarnan.

La proposición del análisis parte de la hipótesis de que la iconografía de la figura del diablo vehiculada por los misioneros pudo haber sido reconocida como “Yurupari” por los indios: según este enfoque, el reconocimiento fue, por tanto, obra de los indios y no de los misioneros. La reflexión se realiza en torno a dichas miradas cruzadas sobre lo que se muestra, así como sobre las prohibiciones de mostrar y de mirar. En definitiva, se cuestiona el estatus de la “mirada iconográfica”.

Sandra Revolon, Curiosidades sagradas. El estatus cambiante de los objetos en una sociedad melanesia (Aorigi, al este de las Islas Salomón)

En Aorigi, al este de las Islas Salomón, al igual que en otros lugares, las esculturas en madera adquieren su sentido en función del contexto en el que intervienen. Pero no reciben un sentido de forma definitiva, al contrario, éste fluctúa según las categorías que atraviesan dichos objetos, pasando de lo profano a lo sagrado y, al mismo tiempo, de la esfera de la alienabilidad a la de la inalienabilidad. Esta movilidad conceptual conllevó modificaciones en las sucesivas miradas de los Owa sobre los “recipientes de los hombres”. Estos objetos, primero creados exclusivamente para los occidentales, desde el siglo XIX, se convirtieron después en objetos rituales apuna, reservados a los iniciados en sus relaciones con los ancestros de los difuntos asesinados.

Gaëlle Beaujean-Baltzer, Del trofeo a la obra: trayectoria de cinco objetos del reino de Abomey

Entre 1893 y 1895, varios oficiales franceses donaron al museo de Etnografía de Trocadéro una parte del botín de guerra adquirido en Dahomey, exactamente veintisiete objetos. Este artículo propone la reconstitución de una “biografía” de cinco de dichos trofeos, dado que la información sobre los mismos es reducida, incompleta y/o errónea. La exposición de dichas obras de gran tamaño, singulares en el vocabulario de la escultura mundial, incitó a los investigadores a profundizar en su estudio. El uso y la trayectoria de estos objetos han resultado ser, tras más de un siglo de estudio, un auténtico desafío para la memoria: la de las obras y de los artistas, y la de las prácticas religiosas y de la realeza de Abomey. La difusión pública de estos objetos, en especial a través de la fotografía, ha alimentado su reputación en todo el mundo, lo que ha llevado al gobierno de Benin a encargar copias para el museo de Abomey. Por último, en París, desde el año 2000, algunos de estos artefactos han sido reconocidos como obras maestras universales, y otros como remedios contra la amnesia histórica, y han transformado el museo, tímida pero abiertamente, en espacio de memoria de la historia colonial.

ESTUDIOS Y ENSAYOS

Vincent Debaene, Las “Crónicas etíopes” de Marcel Griaule. La etnología, la literatura y el documento en 1934

Les Flambeurs d’hommes, de Marcel Griaule, obra publicada en 1934, relata la primera “misión Griaule”, en 1928, en la región del Godjam en Etiopía. Aunque en la actualidad haya caído en el olvido, esta obra tuvo un importante éxito en el momento de su publicación, y merece que la estudiemos de nuevo. Posee varias singularidades que la convierten en una obra totalmente única y sin equivalentes en el conjunto de los relatos etnográficos del siglo XX. Por ejemplo, Griaule habla en la obra de sí mismo en tercera persona. El objetivo de este artículo es mostrar dichas singularidades, situando este curioso relato en el contexto epistemológico de la etnología del periodo de entreguerras. Les Flambeurs d’hommes puede leerse como un revelador de las contradicciones que presentaba la disciplina en esta época. Es una muestra, en particular, de la relación de culpabilidad que poseía la etnología con la literatura: la literatura era aquello de lo que era necesario deshacerse en nombre del documento y, al mismo tiempo, la técnica que se deseaba emplear, por su supuesta capacidad para restituir “la atmósfera moral” de una sociedad.

Marie-France Fauvet-Berthelot, Leonardo López Luján y Susana Guimarães, Seis personajes en busca de objetos. Historia de la colección arqueológica de la Real Expedición Anticuaria de Nueva España

Con el objetivo de conocer mejor los territorios que había colonizado en América, España organizó varias expediciones científicas, como la Real Expedición Anticuaria, a la cual se encargó, entre 1805 y 1809, realizar un inventario, describir y dibujar los monumentos y esculturas precolombinas de Nueva España. La colección “Latour Allard”, adquirida por Francia en 1849 y en la actualidad parte de las colecciones del museo del quai Branly, procede de dicha misión científica.

Gracias a los archivos conservados en México, Francia y Estados Unidos, así como a los dibujos de la expedición científica, hemos podio reconstruir la odisea de esta colección formada por ciento ochenta y dos piezas arqueológicas que, desde su llegada a Francia en 1825, han provocado numerosos comentarios por parte tanto de las autoridades del México independiente como de los medios eruditos franceses.

NOTA CRÍTICA Y RESEÑAS

Morgan Jouvenet, Rap, techno, électro, le musicien entre travail artistique et critique sociale

Benoît de l’Estoile, Le goût des Autres. De l’Exposition coloniale aux arts premiers

Frank J. Korom, Village of Painters. Narrative Scrolls from West Bengal